miércoles, 12 de junio de 2013


Búsqueda infructuosa

 

El tiempo viaja
y me pierdo.
Cuando el mundo vuela
yo me quedo.
 
Solo, degenerado,
con odio sórdido
y desilusionado
no encuentro la verdad. 
 
He quedado lelo.
Impotente ante realidades.
Me dejaron y
no hice nada para alcanzarlas.
 
Ahora busco.
Ya para qué.
No hay nada. No hallo.
Es infructuoso.

He perdido el sentido.
He perdido la razón.
Perdí, soy la derrota.
Estoy extraviado para siempre.


Bogotá, febrero 8 de 1984

 
Adioses

En tardes de cálidos tiempos
se acerca la golondrina
que viajera, anuncia regocijos;
es el amor que florece
en otros tiempos
sin hallar espacios fértiles.
 

Así, esta ave de aventuras
no se queda entre nosotros
sino que continúa su vuelo
como si huyera,
despavorida, ante la desidia
que tú y yo mostramos ante ella.
 

Neiva, enero 18 de 1997

Dejares
 

Otra vez tú.
Aún tú.
Porque volviste después de los recuerdos.
Otra vez me pones a sufrir
tornándome melancólico,
con deseos de escribir nuevamente.
¿Otra vez poeta?

Esta vez no es lo mismo.
Es otra historia.
Me toca dejarte. Sí…me toca.
Porque has cambiado
ya no eres la que evoco,
no eres el daguerrotipo mohoso
sino nuevo y por tanto diferente:
eres otra, mujer.

¡Claro que me duele!
Más, porque sé lo que tuve
y pude compararte.
No eres mi recuerdo.

No eres quien producía mis prosas.
“Adioses”, “Recuerdos de Aura”,
“El amor ha muerto”, tantos…
 

Neiva, enero 2  de 2005

Interiores

                I

Baile de orgía perenne
con el júbilo del éxtasis
perfeccionado en mí.
Te he rechazado tanto
en este jolgorio,
oh bello desenfreno mórbido,
que ahora que te tengo,
no deseo que te marches
solo para tu noche de amor.

II

Cruel desenfreno sediento
que me atas lejos de la realidad
me has desinhibido
en ayunos de vergüenza.
¡No me dejes! Sigue descarado.
¡Adéntrate en mí!
Te deseo cuando ella está junto a mí.
Te deseo cuando ella no está.
Así, lejana ella, bienvenida tú.
¡Atorméntame!
¡Haz de mi cuerpo tu palacio!

III

Renuncio a mi voluntad.
Renazco de pacíficos momentos
que mancillaron mi cuerpo
cuando me torturaron sin piedad.
Hoy vivo de nuevo alegre,
me he dejado a lo mórbido y lujurioso.
¡La vida es mía!
Loada la alegría y la fiesta
que me rescatan de la insidia
del largo caminar obligado.
Ahora nada detiene mi voluntad
permitiendo que cada amanecer
germine de nuevo para vivir
en el deseo insaciado.


Bogotá D.C., 1985-1986

Llámame


Te llamé hace un rato,
deseoso de oírte y sentir tu respiración
cerca, así fuera en el teléfono.
Necesitaba estar contigo.
Y de paso saberte mía...

Quería que vinieras esta noche,
a mi lado, en la cama.
Porque quisieras.
Porque lo deseábamos.
Tú sabes; los dos.

Quería tu cariño y tu calor.
No porque te lo pidiera.
Porque sintieras que yo lo necesitaba.
Porque siempre lo necesito.
Te necesito.

Ahora en mi fragilidad más te ansío.
Mi enfermedad eres tú.
Y el remedio: sólo tú.
Es inevitable.
He colgado el teléfono más de una vez.
Lo he intentado.

Sólo  me queda soñar contigo
¿Y enfermar una vez más?
¿Vendrás así? Dime.
Devuélveme la llamada.
Llámame otra vez y sáname.
  

Bogotá D. C., abril 25 de 2006